viernes, 29 de mayo de 2015

Reanimation

Te levantas un sábado a las seis de la mañana tras una noche de dudoso descanso. Lo primero que piensas: "¿por qué dije que sí? Ahora no puedo echarme atrás. No puedo dejarlas tiradas. Pero quiero dormir..." Te levantas y mientras desayunas empiezas a convencerte: " Te vendrá bien. Vas a disfrutarlo. Y así dejas de pensar en todo eso... Además, nunca has estado en Valencia. Sólo espero que no me inflen a goles... cinco años sin entrenar..."

Pero en cuanto te metes en el agua lo ves claro. Estás donde tienes que estar. Has vuelto, aunque sólo sea por dos días. De pronto te ves bajo el larguero haciendo una retrospectiva de tus años en el agua. Mientras tus compañeras suben a atacar lo entiendes todo. Mientras juegas un partido amistoso, sin tensiones excesivas y sin darle importancia al marcador, recuerdas las antiguas derrotas, la rabia, las victorias... y ves que todas eran igual de necesarias e igual de adictivas. Las veces que perdiste fue totalmente necesario que así fuera, para que ahora con 22 años puedas apreciar la calma y la visión que te dan la experiencia. Los puntos a los que debes dirigir tus energías. Todo lo que ha cambiado a mejor sin que te dieras ni cuenta. Me he dado cuenta de lo terrible que puede ser algunas veces llenarse de presente. Porque hubo tantas batallas en que cometimos ese error. Obcecadas una semana entera (o más) en lo mal que habíamos jugado el domingo anterior. Sin caer en la cuenta que la derrota está ahí para detectar y no volver a cometer el error. Que nunca te han vencido del todo si eres capaz de no perder la cabeza por una "cagada" puntual. Siempre y cuando aprendas de ello, si la lías parda dando un mal pase, bien liada está. Es el darle más importancia de la que realmente tiene lo que te hace perderte.

Sales del agua tras el penúltimo partido. Agotada. Te duelen todas las articulaciones. Te escuecen los ojos por el cloro. La cara roja y ligeramente hinchada. Pero te da igual. Porque por mucho que te quejes en el vestuario, tu vocecilla interior te susurra "anda ya, si sabes que te encanta". Son esas molestias que te hacen sentir que has cumplido. Y que, por supuesto, también echas rabiosamente de menos. Salís, dais mil vueltas, cenáis. Y de lo cansada que estas te bastan un par de tercios para pillar el puntillo. Risas. Y a dormir.  Domingo. Último partido. A casa. Qué fugaz parece todo cuando te bajas del coche. Pero de camino a casa te invade la gratitud. Y le das las gracias desde tu pecho a lo que fuese que te llevase a empezar con el waterpolo hace ya 17 años. Agradeces que tu visión del mundo, de la vida y de casi todas las cosas haya sido en gran parte forjada por una disciplina como esa. Agradeces ser quien eres gracias a ese deporte que te dio tanto, aunque a veces llegases a pensar que te lo estaba quitando. Y te llenas de un orgullo inmesurable al ver que, a pesar de todo, tu corazón puede seguir bombeando esa pasión por cada vena de tu cuerpo.








lunes, 25 de mayo de 2015

Up in flames.

Acabará en fuego.
Como acaba todo lo que te remueve por dentro.
Como termina todo lo que el instinto comienza.
Terminará ardiendo.
Atento.
Las llamas no siempre son un mal presagio.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Necesidad.

Todo el mundo debería hacer lo que verdaderamente le gusta. Y no dejarlo nunca. Sentir la libertad que proporciona. Libertad de ser quien realmente eres. Una y otra, y otra vez.  Sin necesidad de fijarse un objetivo que te presione en exceso. Simplemente dejarte llevar por el instinto y hacerlo. Todo el mundo debería poder dejar surgir lo que lleva dentro. No se reduce a hacer lo que te gusta porque quieres, sino porque lo necesitas. Porque las veinticuatro horas del día tu ser te lo pide a gritos. Y, de verdad, esa voz no hay quien la calle. Ni ese impulso quien lo pare. Todo el mundo debería ser capaz de mirar en su interior y saber reconocerlo. Y no tenerle miedo.  Decía Francis Bacon ,  "La creación es como el amor, no puedes hacer nada contra ella." Ojalá todo el mundo pudiese verlo.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Hay un lugar en el mundo.

Hay un lugar en el mundo que es nuestro. De tí. De mí. Para tí. Para mí.
Hay un lugar en el mundo que es nuestro. En el que tú no estás. Ni yo tampoco.
Hay un lugar en el mundo que es nuestro. Ni aquí. Ni allí.
En tí y en mí.

Hay un lugar en el mundo que es eterno aunque solo dura un segundo.
Es de todos los colores. De todos los olores. De todos los sonidos.
Es de agua y de metal. De amapolas y suspiros.
Donde estando el mundo del revés, está todo en su sitio.

Hay un lugar en el mundo que es nuestro.
Que no está en los mapas.
Ni escrito en los libros.
Ni aquí. Ni allí.
Ni en ningún sitio.

miércoles, 6 de mayo de 2015

No tengas miedo.

"No tengas miedo". Creo que es lo más bonito que me han dicho en estos últimos meses. "No tengas miedo, Isabel". El por qué o a qué es lo de menos. Simplemente reconforta.

Y no suelo tenerlo. Pero cuando aparece me inunda los pulmones. Como el agua al ahogarte.

Es increíble la facilidad con que olvidamos lo vulnerables que somos y lo mucho que nos asombra redescubrirlo cada vez. Y si tememos algo, en realidad es eso. Que la herida llegue al hueso y lo deje al descubierto. Que todo el mundo pueda verlo. El sangrar no nos duele tanto como el hecho de sabernos indefensos y que haya alguien mirando.

Pero no todo el que te mira te ve. Por eso no hay que tener miedo. Da igual la cantidad de ojos que haya posados en tí, porque pocos van a ser los que sepan qué tienes dentro. Y éstos no disfrutarán de la caída. Intentarán evitarla.

Porque si los ojos que te miran son los adecuados, el temor es lo de menos.



                        



lunes, 4 de mayo de 2015

Rojo.

Si el sonido pudiese tatuarse, yo me tatuaría el que hace el cable del tren al entrar en la estación. No sé. Me pierde ese sonido. Me lleva a otro lugar. A muchos lugares. Uno distinto cada vez. Depende del color que tenga dentro cuando lo escucho. Si pudiese tatuarme un sonido, sería ese.

sábado, 2 de mayo de 2015

Té.

Como un león en una jaula. De la cama a la cocina. Un té. Quema. Aún quema. Sobre la cama otra vez. Un lienzo en blanco. Y como ella escribió una vez: agua. Agua por todas partes. Lo entiendo ahora. Hoy. Antes no. Tenía que ser hoy, que el sol no brilla mucho. Después de la cerveza y el vino.

Un té. Y un lienzo en blanco. Que quema. Aún quema.