"No tengas miedo". Creo que es lo más bonito que me han dicho en estos últimos meses. "No tengas miedo, Isabel". El por qué o a qué es lo de menos. Simplemente reconforta.
Y no suelo tenerlo. Pero cuando aparece me inunda los pulmones. Como el agua al ahogarte.
Es increíble la facilidad con que olvidamos lo vulnerables que somos y lo mucho que nos asombra redescubrirlo cada vez. Y si tememos algo, en realidad es eso. Que la herida llegue al hueso y lo deje al descubierto. Que todo el mundo pueda verlo. El sangrar no nos duele tanto como el hecho de sabernos indefensos y que haya alguien mirando.
Pero no todo el que te mira te ve. Por eso no hay que tener miedo. Da igual la cantidad de ojos que haya posados en tí, porque pocos van a ser los que sepan qué tienes dentro. Y éstos no disfrutarán de la caída. Intentarán evitarla.
Porque si los ojos que te miran son los adecuados, el temor es lo de menos.

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