A veces lo dividimos todo en lo que necesitamos y lo que queremos.
Y yo no te necesito en absoluto.
A veces lo dividimos todo en lo que necesitamos y lo que queremos.
Y yo no te necesito en absoluto.
No tengo tiempo para quedarme quieta. En el mismo sitio. Siempre.
No tengo tiempo para no hacer nada. Para aburrirme. Para dejarlo para otro momento.
No tengo tiempo para negarme a mí misma. Para mirarme al espejo y despreciar mi cuerpo. Para sentirme mal por no ser perfecta.
Para ser excesivamente realista y dejar de soñar.
Para olvidar todo lo que me ha hecho feliz aunque su ausencia ahora duela un poco.
Tampoco me dan los minutos para dejar de hacer lo que me gusta y enamorarme una y otra vez de ello.
O para rechazar la posibilidad, por diminuta que sea.
No me da tiempo a irme sin avisarte.
A enfadarme, porque todo podría ser de otra manera.
No tengo tiempo para no decir lo que pienso. Para no demostrar lo que siento.
Para sentirme vencida y desfallecer. A estas alturas...
No me dan las horas para dejar de aprender.
Ni para entristecerme por las "últimas veces que".
Pero para lo demás. Para todo lo bueno.
Para todo lo bonito. Para eso tengo todo el oro del mundo.
Te descubriría todas mis imperfecciones,
que nunca han tenido miedo
de tu mirada entrecortada
ni de tu respiración directa.
Pero tú eso no lo sabes.
Tienes la cabeza tan llena de ruido que
no me oyes cuando te miro.
Si no te atreves a cogerlo con los dientes
porque el miedo te tiene atadas las muñecas.
Si es evitable el impulso de agarrarlo
por la parte que más quema
sin temor a que la piel se te derrita.
Si te falta valor para mirarlo a los ojos
y recordarle que estás vivo,
que presentarás batalla.
Si no se te acumula en la garganta,
o se te enreda entre los dedos
ni te hace cosquillas en los pulmones
porque parece estar presente
en todo lo que inhalas.
Si no
¿oyes?
Si no
Está bien
que abandones
y te vayas.