miércoles, 29 de abril de 2015

The more it hurts like hell, the more it feels like heaven.

Estamos vivos. Y nos gusta sentirlo. En la práctica de cualquier disciplina, cuanto más difícil es alcanzar un objetivo, más disfrutamos el proceso. Es algo masoca, pero nos hace respirar mejor. Una pierna nunca está lo suficientemente alta. Un equilibrio nunca es lo suficientemente largo. Un cuadro nunca está del todo terminado. Queremos más. Vivimos del esfuerzo. Bebemos de él. Y nos encanta.

Hay un tipo de dolor en ciertos sacrificios que cuanto más nos duele más nos hace sentir como en el cielo. Adoramos que la sangre se altere en nuestras venas. Nos gusta esa faceta oscura de los seres que a primera vista son pura luz. El frío del acero y el calor de la carne humana. La demora bien medida antes de alcanzar el placer. Somos adictos a ese sufrimiento que nos promete que lo que viene a continuación lo merece por completo. Y con esa promesa nos lanzamos al vacío. Siempre queremos más para no olvidar que aún seguimos vivos.

martes, 28 de abril de 2015

Por las macetas que puedan caer del cielo.

Todo tiene sentido porque un día voy a morirme. Porque soy perfectamente consciente de que un día voy a morirme. Suena algo oscuro, sí, pero todo se reduce a eso. El sentido de la vida es la muerte. Y no hay que tener miedo a reconocerlo. Es más, no hay nada más liberador que aceptarlo. Si buscas un buen motivo para lo que sea, no tienes más que recordarlo. Todo lo que no has hecho hasta ahora por miedos estúpidos, por inseguridades ridículas. Hazlo. Porque nunca es un buen momento. Porque nunca se está preparado. Hazlo. No eres eterno. Y aunque parezca mentira, aunque "eso a tí no te va a pasar", mañana podrías resbalarte en el baño. O podría caerte una maceta en la cabeza. Y tú estás ahí quieto. Porque tienes miedo. No te has parado a pensar lo absurdo que es no intentarlo. Haz lo que sientas. Haz lo que te guste. Haz lo que quieras. Si tienes la oportunidad, o la oportunidad de fabricar tu oportunidad, hazlo.

Que todos los días sean uno de esos en que piensas "a tomar por culo", y te lanzas. Y gritas. Y corres. Y no sólo lo sueñas, sino que lo haces. Por las macetas que puedan caer del cielo.

"Did you say it? [...] Make a plan. Set a goal. Work toward it. But every now and then, look around, drink it in, 'cause this is it, it might all be gone tomorrow."

martes, 21 de abril de 2015

Días bucle.

Son extraños. Los días bucle. Empiezan con el cielo lleno de nubes. Y luego se despejan. Pero eso es porque las nubes se han metido en tu cabeza. No estás ni triste ni alegre. No estás. No ves bien. Porque las nubes no te dejan. Sabes que algo va a pasar más tarde o más temprano. Una explosión. Un movimiento que de pronto te dejará sin aliento. Pero no alcanzas a ver cuando.
Son días extraños. No pasa nada. Pero tus sentidos se mantienen a la expectativa. Porque lo saben. Saben que se mueve algo. Tu cabeza gira todo el rato en torno a esa idea. Los días bucle.
Van y vienen. No son dañinos. Pero tampoco te llevan a ningún lugar. Y te hacen sentir que el sitio en el que estás es muy extraño.
Si luchas contra ellos es peor. Porque las nubes se ennegrecen y se desata una tormenta. Y a nadie nos gusta que se nos moje el alma.
Los días bucle.

Fotografía: Dan Mountford.

lunes, 20 de abril de 2015

Peter Pan.

"Fue una suerte que no se diese cuenta, porque en caso contrario habría perdido la fe en su poder de volar; y es que, en el momento en que dudáis de que podéis volar, perdéis para siempre la capacidad de hacerlo. Ésa es la razón de que los pájaros vuelen, y si nosotros no podemos es simplemente porque ellos tienen una fe total, porque tener fe es como tener alas."

Peter Pan en los Jardines de Kensington. James M. Barrie.

domingo, 19 de abril de 2015

Nar.

Estoy segura de que no soy la única que más de una vez se ha imaginado recogiendo un premio y dedicando el más maravilloso discurso de agradecimiento. Sin moverme de mi cuarto yo he pasado por los Oscar, los Goya, los Grammy y y hasta los Globos de Oro. He imaginado mil veces a quién recordaría en ese momento de victoria, siendo el vestido lo de menos. Pero ahora mismo me doy cuenta de que no necesito ganar un premio para dar las gracias a aquellos que han hecho que hoy esté aquí, sentada en mi cama siendo quien soy. Así que he decidido que quizá este rincón  de la nube es el sitio adecuado para mi discurso de agradecimiento, compartiendolo así con mis millones de fans.

Gracias a Ma. Luz, José María y Carmina por enseñarme a sumar, restar, multiplicar y dividir, a conjugar los verbos y que los jugos gástricos son "unos ácidos muy poderosos".
Gracias a Ma Ángeles por enseñarme a querer y sentir la música.
A David Caballero por regalarme su Waterpolo, por gritarme en el momento justo y por recompensar mi esfuerzo.
Al waterpolo en sí, por darme tantos momentos. Por el griterío, el dolor, las lágrimas, las sonrisas. Por darme motivos para sentirme orgullosa.
A Cyn, por llamarme "soberbia" cuando fue necesario y por jerarquizar en el momento adecuado.
A Daniela. Por ser mi hermana desde hace más de 20 años. Por mirarme y verme. Por reírse de mis chistes malos cuando nadie más los pillaba. Por "los condimentos". Por la Botica de la Abuela. Por "Isa" "¿Qué?" "¿Te puedo dar la espalda?".
A mis "Mitocondrias" por aquella noche sorpresa. Por los seis años de instituto. Por " Mi limón mi limonero".
A 4° B. Por  "No se lo des!! No se lo des!!" "..." "BOOM!". Por el amigo invisible. Por "Miiiiiiiira, rebota en el techo y hace bolitas!!" Por quitarme los prejuicios hacia Barbara y Natalia. Bonitas.
A 1° de bachillerato, por los ataques de risa que acaban con una visita a jefatura de estudios. Por los amores imposibles, los Ferrari de juguete y las piruletas con forma de corazón. Por Italia.
A 2° de bachillerato. Por la histeria colectiva en los exámenes de Mates, por la ley de Maxwell de la mano derecha, por el ADN y los guisantes de Mendel. Por enseñarme el que no era mi camino.
A Elena Cerro. Por su fuerza. Siempre. Por ser de mi planeta. Por los chacras.  Por el kunda línea waking o comocojonesseescriba. Por "Estoy segura de que quepo en esa tuba". Por "Imagüaque! Imagüaqueño!!". Y por todo lo que no sé ni como escribir.
A Dani Cañadas. Por las tardes de cine y por todo lo demás.
A la danza. Por hacer girar mi mundo.
A los Bodegas, por toda la alegría que me dan cuando no me hago "un Isa".
A Almudena de Grado, por inspirarme con sus textos.
A Barbara Delgado. Por "Osezno, taza o tanque?". Por llamarme "osezno". Porque sí.
A Ana, Lucas, Cachorro y Chapatorra por lo pesados. Por elegir Aranjuez y no Ciu. Por el Eroski. Por el chino, la china y su bebé. Por la esquina de la muerte. Por "Isabel, que te calles". Por los "ataules," los "comentalistas" y la blurst cola. Por resumir pelis de 3 horas en 5 minutos. Por matarme de risa.
A tí, por si estás leyendo esto como buen "stalker" y has llegado hasta aquí. Porque crees en fantasmas. Porque me has descolocado, pero sé que estás lleno de flores aunque no parezcas darte cuenta. Porque las criaturas como tú (sí, tú) no se encuentran en todas partes. Porque mejor me callo y ya te digo el resto cuando tengas el valor de preguntármelo.
A mi Aquelarre. Porque somos tres brujas pirujas.
A Jerónimo. Por recordarme quién soy cuando me ve perdida.
A mis padres y mi familia por descontado.

Aquellos que no la merecen jamás podrán dominarla.

Nunca será tarde para levantarse y sonreir. Aunque a veces cueste, merece la pena el esfuerzo. Antes de que termine el día tienes que decirle al mundo que tus sueños son tuyos, y qué tú decides cómo recorrer el camino que te lleva hasta ellos. Sin miedo; siempre sin miedo. Antes de olvidar quién eres, recuerda que lo más probable es que aún no lo sepas, y que hay pocas cosas tan bonitas como descubrirlo.
Lucha sin pensar que podrían llegar a vencerte. Por lo que es tuyo, por lo que es de todos, por lo que será de los que vengan. Lucha por los que fueron y lucharon por tí y por el resto. Aguanta sentado, de pié o tumbado en la tierra, creando ante aquellos que lo destruyen todo.

sábado, 18 de abril de 2015

"I'll beat on the beast in you."

Todos tenemos una canción predilecta que grita lo que nosotros no nos atrevemos a decir en voz alta. Escuchamos las estrofas una y otra vez. Las berreamos a pleno pulmón en la intimidad de nuestro cuarto cuando nadie nos mira, como si así fuésemos a redimir la culpa por no saber afrontar lo que sentimos y decirlo en el momento, el lugar y a la persona adecuados. Lo repetimos como un mantra, creyendo que así llegará a los oídos de quien quisiéramos que lo escuchase. Lo garabateamos en libretas, lo silbamos por los pasillos... y al final, no decir lo que sentimos a menudo nos conduce a sentir lo que perdemos.