miércoles, 29 de abril de 2015

The more it hurts like hell, the more it feels like heaven.

Estamos vivos. Y nos gusta sentirlo. En la práctica de cualquier disciplina, cuanto más difícil es alcanzar un objetivo, más disfrutamos el proceso. Es algo masoca, pero nos hace respirar mejor. Una pierna nunca está lo suficientemente alta. Un equilibrio nunca es lo suficientemente largo. Un cuadro nunca está del todo terminado. Queremos más. Vivimos del esfuerzo. Bebemos de él. Y nos encanta.

Hay un tipo de dolor en ciertos sacrificios que cuanto más nos duele más nos hace sentir como en el cielo. Adoramos que la sangre se altere en nuestras venas. Nos gusta esa faceta oscura de los seres que a primera vista son pura luz. El frío del acero y el calor de la carne humana. La demora bien medida antes de alcanzar el placer. Somos adictos a ese sufrimiento que nos promete que lo que viene a continuación lo merece por completo. Y con esa promesa nos lanzamos al vacío. Siempre queremos más para no olvidar que aún seguimos vivos.

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