Querrías girarte y ver la cara de imbécil que tengo nada más despertarme. Y lo primero que haría yo es gruñir, porque eso es lo que hago cuando alguien me despierta antes de mi hora. Te deleitarías con mis ojos llenos de legañas y con lo mal que me puede llegar a oler el aliento algunas mañanas.
Yo quiero ver tu cara de imbécil matutina. Y me importa un carajo si te huele el aliento. Quiero mirar cómo te tambaleas hasta el baño frotándote los ojos. Y luego, quizás, morderte las orejas y arañarte la espalda. Y entonces tú querrías despeinarme un poco más haciendo cosas que solo pueden conocer las sábanas. Y ver que el sudor no es tan terrible cuando es de buena gana compartido.
También podría decirte que sé cosas de ti que nadie me ha contado. Sé que admiras lo pequeño. Que a tí también te fascina que estemos hechos de los mismos elementos que un vaso de cristal solo que en distinta proporción y estructura. Sé a qué le tienes miedo, y por eso no voy a decirlo. Sé que siempre sabes más de lo que dices. Que puedes parecer calmado incluso aunque por dentro estés ardiendo. Sé que con si quiera mirarte, ya te había visto. Y quiero saber más aunque ya sepa todo eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario