miércoles, 17 de junio de 2015

RADICAL

Radical.

(Del lat. radix, -īcis, raíz).

1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
2. adj. Fundamental, de raíz.
3. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. U. t. c. s.
4. adj. Extremoso, tajante, intransigente.
5. adj. Bot. Dicho de cualquier parte de una planta: Que nace inmediatamente de la raíz. Hoja, tallo radical.
6. adj. Gram. Perteneciente o relativo a las raíces (‖ de las palabras).
7. adj. Gram. Se dice de cada uno de los fonemas que constituyen el radical de una palabra.
8. adj. Mat. Se dice del signo (√) con que se indica la operación de extraer raíces. U. t. c. s. m.
9. m. Gram. Conjunto de fonemas que comparten vocablos de una misma familia; p. ej., am-, en amado, amable, amigo, etc.
10. m. Quím. Agrupamiento de átomos que interviene como una unidad en un compuesto químico y pasa inalterado de unas combinaciones a otras.

Por favor. Por favor. Que se callen ya. A Esperanza Aguirre un zapato en la boca. Ya. A Rajoy otro. Por favor que se callen. Que se vayan. Que paren de decir estupideces tales como que Ahora Madrid constituye una formación radical que incita al odio. Quien tenía que dimitir por patoso e inconsciente ya lo ha hecho. Ya ha demostrado mucho más que cualquier componente del PP.

Radical. Tienen la cara dura de acusar a una oposición mil veces más digna que todos ellos de radical. Pues bien, si esto supone ir en contra de su actitud reaccionaria yo me sumo a esa radicalidad.

Radical. Radical. Radical. Gastarán la palabra en su esfuerzo por infundir temor a las mentes débiles de las que siempre se han aprovechado. Radical. Como si fuese algo ajeno a ellos. Porque "reformar" (por no decir deformar) la sanidad pública hasta hacer de ella una institución lo más precaria posible, no es radical. Desahuciar sin miramientos, con todo el dolor del corazón de Cristina Ciufuentes y sus dulces brigadas antidisturbios, y mirar hacia otro lado de los suicidios y el dolor que ello a provocado, no es radical. Frivolizar a cerca de la Memoria Histórica, de los enfermos de Hepatitis C. Mangonear y robar a los ciudadanos. Burlarse de los estudiantes que luchan cada día por el futuro con el que siempre han soñado haciendo de su educación un puro trámite. Eso NO ES RADICAL. Es gobernar COMO DIOS MANDA.





sábado, 13 de junio de 2015

A[sumo]

Asumo tus pupilas. Y tus labios. También.
Asumo que me arañen tus miradas desde lejos. Tu silencio, repleto de todo lo que no te atreves a decir.

Asumo todo lo que creía no querer.
               Todo lo que quería no creer.
Lo asumo.

La distancia, las horas, las ganas...
El punto de no retorno al que tengo tanto miedo de llegar.

Asumo todo lo que escribo,  lo que dije y lo que ha quedado por hacer.

Y de tanto asumir, me sumo. Me estoy sumiendo en aquel lugar de donde no se vuelve.

domingo, 7 de junio de 2015

Una Historia.

Todos tenemos Una Historia. Una Historia nunca la contamos en voz alta. Tan solo la conocemos nosotros y quien nos vio vivirla. Está cosida con hilo transparente. En la piel.  Una Historia se cuenta sola en todo lo que hacemos. En cómo lo hacemos. En el modo en que te levantas y te diriges a la puerta. En la forma en que me miras antes de girar el pomo. Es difícil darse cuenta, pero una vez la percibes, resulta imposible obviar la narrativa de los gestos. Cómo caminas por la calle. La forma en que ladeas ligeramente la cabeza al escuchar ciertas palabras. El cómo, cuando y por qué de tus sonrisas.

Una Historia siempre está ahí. Diciéndose a gritos. Creo que es porque tiene miedo de que la olviden. Cuando Una Historia está cosida a tí, sus gritos solo los escucha quien tiene oídos en el alma. Quien se merece poder verla. Pero de llegar a caer en el olvido, corre el peligro de volverse a repetir, y si esto sucediera la podría ver cualquiera. Por eso Una Historia está bien donde está. No en el olvido. Ni en el pasado. En cada día. Aunque nosotros la mayor parte del tiempo no nos queramos dar cuenta.




                                                 

sábado, 6 de junio de 2015

Le dijo aquel día.

Querrías girarte y ver la cara de imbécil que tengo nada más despertarme. Y lo primero que haría yo es gruñir,  porque eso es lo que hago cuando alguien me despierta antes de mi hora. Te deleitarías con mis ojos llenos de legañas y con lo mal que me puede llegar a oler el aliento algunas mañanas.

Yo quiero ver tu cara de imbécil matutina. Y me importa un carajo si te huele el aliento. Quiero mirar cómo te tambaleas hasta el baño frotándote los ojos. Y luego, quizás, morderte las orejas y arañarte la espalda. Y entonces tú querrías despeinarme un poco más haciendo cosas que solo pueden conocer las sábanas. Y ver que el sudor no es tan terrible cuando es de buena gana compartido.

También podría decirte que sé cosas de ti que nadie me ha contado. Sé que admiras lo pequeño. Que a tí también te fascina que estemos hechos de los mismos elementos que un vaso de cristal solo que en distinta proporción y estructura. Sé a qué le tienes miedo, y por eso no voy a decirlo. Sé que siempre sabes más de lo que dices. Que puedes parecer calmado incluso aunque por dentro estés ardiendo. Sé que con si quiera mirarte, ya te había visto. Y quiero saber más aunque ya sepa todo eso.


jueves, 4 de junio de 2015

De nuevo.

Ya no sabía. Simplemente, no sabía. Nada. Daba un paso, y después todos los demás. Cada vez más deprisa. Sin pensar. Quería llegar al filo del mundo. Sin mirar atrás. Ni a los lados. Ni al cielo. Tan solo llegar y ver qué pasaba.

Ya no sabía ni quería saber nada. Era mejor así, desde cero. Redescubrirlo todo otra vez. Sentir la vibración de la inquietud por aprender. Saborear con los ojos cerrados las palabras nuevas y admirar con la boca abierta los colores nuevos. Gritar a pleno pulmón y que las montañas le explicasen lo que era un eco.

Quería desdibujar toda experiencia y sembrar la euforia de las primeras veces. Había elegido hacer lo posible por nacer de nuevo. Y así lo hizo. Le bastó con dar un paso, y después, todos los demás vinieron.

Imagen: Sonido antiguo. Paul Klee

lunes, 1 de junio de 2015

Todas las estrellas.

Sabía que había llegado a ese límite enfermizo por el que todos hemos paseado alguna vez. Pero no le importaba. Había elegido ese camino tanto como el camino la había elegido a ella. Aquel día en que se giró a preguntarle se cayeron todas las estrellas del cielo, y entre tanta luz ya era tarde para esconderse. Tarde para evitar quemarse. Quizá era eso; el día que empezó todo, ya era tarde.

Ahora, cada vez que lo pensaba se desvelaba su lado más destructivo. Le echaba tanto de menos, que quería que todo a su alrededor saliese ardiendo. No es que se hubiese llevado su felicidad. Era lo suficiente inteligente como para seguir disfrutando de las cosas buenas de todos los días. Pero había momentos en que no podía evitar que la bestia que llevaba dentro despertarse y se abriese camino con sus garras desde lo más profundo de su pecho. Y quería gritar. Y que el mundo se apagase por uno o dos segundos.

Sí, aquel día todas las estrellas se cayeron. Pero ese no es problema para quien es capaz de encontrar entre los estambres de una flor el universo.

viernes, 29 de mayo de 2015

Reanimation

Te levantas un sábado a las seis de la mañana tras una noche de dudoso descanso. Lo primero que piensas: "¿por qué dije que sí? Ahora no puedo echarme atrás. No puedo dejarlas tiradas. Pero quiero dormir..." Te levantas y mientras desayunas empiezas a convencerte: " Te vendrá bien. Vas a disfrutarlo. Y así dejas de pensar en todo eso... Además, nunca has estado en Valencia. Sólo espero que no me inflen a goles... cinco años sin entrenar..."

Pero en cuanto te metes en el agua lo ves claro. Estás donde tienes que estar. Has vuelto, aunque sólo sea por dos días. De pronto te ves bajo el larguero haciendo una retrospectiva de tus años en el agua. Mientras tus compañeras suben a atacar lo entiendes todo. Mientras juegas un partido amistoso, sin tensiones excesivas y sin darle importancia al marcador, recuerdas las antiguas derrotas, la rabia, las victorias... y ves que todas eran igual de necesarias e igual de adictivas. Las veces que perdiste fue totalmente necesario que así fuera, para que ahora con 22 años puedas apreciar la calma y la visión que te dan la experiencia. Los puntos a los que debes dirigir tus energías. Todo lo que ha cambiado a mejor sin que te dieras ni cuenta. Me he dado cuenta de lo terrible que puede ser algunas veces llenarse de presente. Porque hubo tantas batallas en que cometimos ese error. Obcecadas una semana entera (o más) en lo mal que habíamos jugado el domingo anterior. Sin caer en la cuenta que la derrota está ahí para detectar y no volver a cometer el error. Que nunca te han vencido del todo si eres capaz de no perder la cabeza por una "cagada" puntual. Siempre y cuando aprendas de ello, si la lías parda dando un mal pase, bien liada está. Es el darle más importancia de la que realmente tiene lo que te hace perderte.

Sales del agua tras el penúltimo partido. Agotada. Te duelen todas las articulaciones. Te escuecen los ojos por el cloro. La cara roja y ligeramente hinchada. Pero te da igual. Porque por mucho que te quejes en el vestuario, tu vocecilla interior te susurra "anda ya, si sabes que te encanta". Son esas molestias que te hacen sentir que has cumplido. Y que, por supuesto, también echas rabiosamente de menos. Salís, dais mil vueltas, cenáis. Y de lo cansada que estas te bastan un par de tercios para pillar el puntillo. Risas. Y a dormir.  Domingo. Último partido. A casa. Qué fugaz parece todo cuando te bajas del coche. Pero de camino a casa te invade la gratitud. Y le das las gracias desde tu pecho a lo que fuese que te llevase a empezar con el waterpolo hace ya 17 años. Agradeces que tu visión del mundo, de la vida y de casi todas las cosas haya sido en gran parte forjada por una disciplina como esa. Agradeces ser quien eres gracias a ese deporte que te dio tanto, aunque a veces llegases a pensar que te lo estaba quitando. Y te llenas de un orgullo inmesurable al ver que, a pesar de todo, tu corazón puede seguir bombeando esa pasión por cada vena de tu cuerpo.